13/06/2010

Delirio Cotidiano # 35


Taladrándome la cabeza, esta que tiembla y se calienta mientras se mece sin sentido sobre mi cuello. Lanzándose a esas frías paredes de concreto y de tabique hasta que la frente permite el paso de un manto interminable de sangre. Al explotar, las partículas de mi cráneo se esparcen entre el viento, levitan en cámara lenta como insectos gigantes. Y perdiéndose entre las nubes de vapor, caen mezclándose con lo ordinario. Luego se buscan y se reúnen en ese lugar absurdo y sucio donde reside toda esa gente maldita aplastada por la vida. Para mi desdicha, se sincronizan de nuevo, y piensan en no pensar más, mientras existen, con ese pánico que no cesa en insistir. Y estoy aquí con esta pluma frente a este papel, en el sótano de una casa obscura y abandonada por todos, en el centro mismo de lo austero y de la nostalgia, siguiendo el mismo anhelo. Anhelando porque aún hay vida, y no se piensa dejar ir, sin escribirla.