28/11/2010

Delirio cotidiano # 13

¿Desnudando al reptil de tu sombra?

Acorta la distancia con tu nombre
Interrumpe su faz con certidumbre
Vístele en una noche sonámbula

Devórale los ojos sin mesura
Mutílalo é ingiere su sangre
Vomítalo y échalo al lugre
Partiendo él, vuelve a tu penumbra

Ante lo insípido de la verdad
Vuelve pronto en su búsqueda al puerto
Quizás aún reconozca tu deidad

Anda y entrégale tu aliento
No quieras abolir tu duplicidad

Arropa las dudas de lo incierto

17/09/2010

La campana

Solitaria,
altiva mujer vacía
que te meces en tu yugo
aferrada a lo que vendrá.
Asomas tu falda desde el ojo de una torre,
vigilante sigilosa aguardando
la noticia que dará ritmo al badajo
para que tu boca pueda
tañer todo su llanto.


Estéril instrumento,
Hija del bronce, del cobre del hierro
símbolo de libertades y milicias,
de navidades y pastorelas
contradicciones, malabares
religiones, danzas y guerras,
marchas fúnebres, tempestades.

¡Dale vuelo a tu badajo,
que ha muerto un hombre
Dale vuelo a tu boca,
que se asoma la tormenta.
Dale vuelo a tu falda que ya son las once,
el presidente está a punto de dar el grito.

Solitaria
altiva
hueca y vacía
Artefacto al servicio de la bestia.
Azaroso es tu grito
Incierta tu canción

16/06/2010

Delirio cotidiano # 2

Y desearás verme. Tendrás curiosidad y esa noche a tu esposo le harás el amor pensando que tu vida es mejor que la mía. Pero te nacerá la duda y esta te dominará hasta fastidiarte. E irás en mi búsqueda. Irás a todas las cafeterías, a los teatros y buscarás mis libros en cualquier aparador. Buscarás a mis amigos y enemigos, y algún bastardo te escribirá mi dirección en una servilleta. Vendrás en tu sedán que apenas cabe en tu cochera y que aún te faltan treinta y dos meses por pagar. Llegarás hasta mi barrio queriéndote regresar pero tu curiosidad se incrementa mientras manejas por las brechas empolvadas. En mi calle girarás a la izquierda hasta el 32. Dos cuartos y un baño, con techo de teja de cartón. No hace falta más. ¿Y el jardín? ¡Ja! Dos metros de tierra infértil con un triciclo viejo y oxidado en su centro y tres mugrosos mocosos bañados en tierra jugando en él. Verás a una mujer gorda, inmensamente gorda, con greñas de trapeador y una bata roída por el uso, fumándose un cigarrillo, mientras lava en un fregadero. Le verás los pechos colgando hasta su cintura y dos tatuajes del TRI en cada brazo. Preguntarás por mí. Me gritará y saldré en mis calzoncillos blancos detrás de una cortina, con una botella de vodka en una mano y una revista de: Los chafiretes, en la otra. En mi boca morirá un cigarro sin ser fumado, muere por mi aliento. El resto de los mocosos saldrán detrás de mí e irán directos hasta tu carro, nunca han visto un sedán tan simpático. Lo tocarán, se subirán en él y comenzarán a brincar sobre el cofre y el techo. ¿Tú?, tú no les dirás nada, estarás atónita por mi aspecto, y mi barriga recibirá cada una de tus críticas. Me verás, te veré. Y recordarás aquella noche cuando tomaste las tijeras y te las clavaste en el pecho al amenazarte que me iba; En tu llanto que no cesaba cuando te dije no te amaba más; Y en el día en que decidiste darle la espalda a toda tu familia, a toda tu carrera, a toda tu vida, por seguirme a mí. Reaccionarás antes de que te arrastre la amargura, y te dirás en silencio: “Qué hermoso marido tengo, juega fútbol, es alto y moreno, viste bien y tiene buen empleo, en un año será gerente, él sí es un y triunfador, no como éste, yo sí que tengo una vida hermosa”. No te reconoceré, para ese tiempo ya habré tomado tanto alcohol y fumado tanta yerba que tu rostro me será indiferente. Estoy seguro que me importarás un bledo. Te irás segura y satisfecha de tu triunfo tan pronto mis hijos dejen de abrazarte las piernas. Regresarás a tu mundo. Yo seguiré en el mío. Le tomaré un trago a mi botella, me sentaré sobre un costal de cal y seguiré con mi lectura.

15/06/2010

Delirio cotidiano #33

He logrado exiliarme en este mundo abstracto que observo sólo yo. Nadie más tiene acceso, porque sólo yo existo en él. Porque sólo yo importo. El otro está lejano, a mí alcance, pero distante, y lo puedo tocar, lo observo y reacciono ante cualquiera de sus movimientos. Los siento y permito que se dejen sentir, y luego los olvido. Los traigo aquí, los cargo, los amamanto con mi sabiduría. Los encarcelo, pero tarde o temprano los dejo libres, abandonándolos a todos.
Al irme los olvidaré de inmediato. Y si acaso algo me mantiene atado, será durante el proceso de la transición, nada más. Sólo recovecos y recuerdos que, muy de repente, aparentan importar, pero en esencia, no importan en lo absoluto. El comienzo siempre es difícil pero la estabilidad aburre, prefiero la destrucción o la creación, pero nunca, nunca me es más interesante el proyecto terminado que la previsión de la obra. El pensar en hacerlo es mucho más necesario que el saberlo hecho. Y no es un delirio cualquiera, así es todo lo que soy.
El ser ajeno a este mundo no me deja traspasar la barrera que me separa del otro. Estoy ausente en cualquier evento y en cualquier conversación. No me permito estar al corriente de nada. Y no es que algo me lo impida, sencillamente no se me da, y punto.
Aquí sólo juego a esperar esa luz que se esconde anunciando mi muerte. Esa luz que he visto y que he dejado ir por jugar un rato a la felicidad. Algún día llegará y me arrebatará la cerveza, tangándose hasta la última gota de mi sangre. Aquí no hay nada más que hacer. Y las mañanas duelen demasiado.

14/06/2010

Delirio cotidiano # 83

Cierro los ojos. Un puño llega hasta mí rostro con temeraria velocidad y se abre expulsando un polvo estelar que desvanece formando secuencias y escenas:
Yo sobre el riel de un puente, lo sostengo, lo abrazo, es frío. Dostoyievski a orillas del Petesburgo burlándose del burgués de Tolstoi. Ana Karenina con su alma desnuda lanzándose a las vías del tren. Un Bukowsky tirado, borracho, amargado y desahuciado abrazando a un perro sangriento. Un Guilmour tocando la guitarra ante la sombra de un de Syd que se ensaña a jugar a la granja. Mi madre, mi madre al salir de una cantina mientras hunde su mano en la bragueta de algún obrero. Mi abuela con el canasto de comida buscándome entre las calles de Ucareo. Daniela mientras saca sus cosas del ropero. Los gritos de placer de quien me hizo perder la dignidad. Los ojos redondos, vacios o llenos, claros o oscuros de Iván Delgado al decirle que partía. Los cinco chinapos que nunca más serán. Mi rostro en el espejo, mi rostro sin el espejo, mi alma entre el tallo de una rosa que no logra comprenderme. Mi padre hablándome sobre lo arrogante que soy. Abro los ojos, respiro profundo, los cierro de nuevo. El único y necesario retrato de Garshin mientras escribe la rosa escarlata. La cantera. La sola y melancólica plaza de las rosas un 25 de diciembre. La vergüenza. La esperanza de escribir una novela perfecta. El sociópata. La muerte de Nick Drake. La polaca y sus movimientos. La anciana con reboso rojo y suéter naranja caminando entre un tormenta de nieve, la vejez no es para pasarla solo. Miles Davis tocando en Suiza. Gogol paseando en Ucrania. Miller partiendo a Paris. Borges y el otro. Kafka y el circo de Oklahoma. El silencio que llena esta oscuridad. Y la esperanza de poder dormir.

13/06/2010

Delirio Cotidiano # 35


Taladrándome la cabeza, esta que tiembla y se calienta mientras se mece sin sentido sobre mi cuello. Lanzándose a esas frías paredes de concreto y de tabique hasta que la frente permite el paso de un manto interminable de sangre. Al explotar, las partículas de mi cráneo se esparcen entre el viento, levitan en cámara lenta como insectos gigantes. Y perdiéndose entre las nubes de vapor, caen mezclándose con lo ordinario. Luego se buscan y se reúnen en ese lugar absurdo y sucio donde reside toda esa gente maldita aplastada por la vida. Para mi desdicha, se sincronizan de nuevo, y piensan en no pensar más, mientras existen, con ese pánico que no cesa en insistir. Y estoy aquí con esta pluma frente a este papel, en el sótano de una casa obscura y abandonada por todos, en el centro mismo de lo austero y de la nostalgia, siguiendo el mismo anhelo. Anhelando porque aún hay vida, y no se piensa dejar ir, sin escribirla.

Preparando la misa de 7

Las mujeres con patas de elefante arrancan los miembros de sus crías a mordidas. Enanos con ojos de lombrices corren por los pasillos arrojando cerezas envinadas a los ladrones que visten piel de putas. Las sedientas cabras invaden las calles ante el olor del excremento de los ancianos. Los alicantes llegan del sur de Europa a degustar a la única virgen del Norte de América. Los héroes se esconden entre las paredes de las tabernas en espera del contrabando de niñas africanas. Los Cristianos, que hincados se encaminan, cargando sus pecados hasta el mar de la beatificación, oran mientras fornican con sus hijas. Gigantes, deformes y desnudos, presumen su sexo ante la espectadora que yace desnuda sobre un platón de fruta fresca esperando a la culebra muerta por una caricia. Las gatas despechadas defienden los colores de su bandera: “Algún día fueron los amos del universo, y ahora sueños eróticos de la nana del sacerdote”.
La mañana ha renacido sin dar pie a la nocturnidad de la conciencia. Desde las ventanas, las viudas clavan su mirada a la sombra de sus amantes. “Cien años no son nada para este sacrilegio.” El campanero gime desde dentro de la sotana. El vampiro que cruzó el mundo no pudo resistirse, y mordió la mandíbula de un cerdo confundiéndola con la mano impúdica de aquella que se masturba sobre la colcha de un mendigo. El olor a excremento aún permanece. “No hay lugar para la meditación, no hay pena mas grande que la frustración.” El sol grita desde la reja de Teresa mientras se revuelca en el maizal al ver que su marido duerme. Alguien pregunta: “¿Por qué no soy yo, porque no fui yo?”. Los niños que huían de sus padres para entregarse a sus violadores, dominan la noche.
Se dictó el primer decreto: “¡Mueran los ancianos, y viva la fornicación!”. Los primeros en votar fueron los judíos: ¡Todos a favor! Tras avalar a Hitler fueron los primeros en morir en sus orgías. Los segundos en votar fueron los cristianos: ¡Todos a favor! Y vivieron para siempre, mezclándose con los borregos entre la fornicación. Una libidinosa explanada de cuerpos que en busca del miembro perfecto, se enrosca entre si, danza sobre la almohada del sacerdote.
Y entre el excremento de los ancianos la orgia florece. Inundados entre el líquido espeso de los orgasmos, los fetos cobran vida y los enanos asesinan a los ladrones vestidos de putas. Las bestias con patas de elefante que muerden los miembros de sus crías escupen la piel de serpiente en la cama del sacerdote que aún duerme. Y ahora se le escuchan algunos gemidos de placer al sentirse salpicado por aquella mezcla de líquidos. “Ponte detrás del lienzo de seda, cubre tu pecho con la capa del rey, no crees que pueden vernos”, exclamó el campanero al observar a la multitud con hambre de venganza.


La nana limpió el sudor del sacerdote, y ante la sensación del trapo frio en su frente, éste, despertó. Y cómo cualquier otro domingo, se hincó sobre las ardientes cenizas que ya le habían preparado, frente al ícono del sagrado corazón. Tomó el látigo y en cada golpe que se daba borraba las imágenes de las mujeres con patas de elefante, de las orgías, del contrabando de niña africanas, y de los homosexuales danzantes. Y así lavó su mente de toda culpa y su cuerpo de todo deseo, preparándose, para la misa de siete.

06/06/2010


Delirio cotidiano #25

Revivir para despertarse entre tus demonios y sus gusanos es la razón por la cual uno debe revivir más seguido, morir más seguido, beber y arrastrarse, bendecir la maldad y el egoísmo, hartarse de todo y mandarlo todo a la fregada sabiendo que nada pasa... que nada mata, que tan sólo duele, todo adolece mientras el mundo da vuelta y el espectador se acomoda.

Mientras el vómito fluía de mi ser para convertirse en resina. Yo retenía lo que más quería desechar, qué no era nada, o era todo, no lo sé, pero aun está dentro. De repente duerme por mucho tiempo, y en ese estado se vuelve más productivo. El despertar aún me sigue causando miedo, pero la bestia despierta, y sabes bien querido espectador, que en lo sueños no tienen efecto las pastillas para no dormir.

Entonces… Afila la navaja, báñate en sal, échate gasolina, reviéntate las venas y aviéntate por la ventana, toma el cable que se atraviese que tu cerebro se derrita y salga por tus ojos, como líquido espumoso, escupitajo de Dios que nunca fuiste, que nunca serás.

Si lo piensas bien probablemente no haya más qué hacer, dale el tiro de gracia y ya. Camina y luego te detienes a llorar. Llora, camina y te detienes; empúñala y fíjala en la vena gris: ¡clic! Sin duda no vas a morir pues quien debía morir no ha muerto, por lo tanto no mueras todavía, muere a quien tengas que morir. Pero si ya moriste a quien no tenía que morir mata a quien no tiene que morir para que mate al muerto que debía morir: El vientre femenino viene de los ojos varoniles, ¿ves que todavía puede vivir? Cómete primero los huesos, luego el corazón.

Lo único por matar es el corazón... aparte de todo ello es lo que produce más placer porque despierta al matarlo, se rehúsa y se defiende y en esa batalla estamos forzados a morir o a matarnos, que el corazón muera no es noticia nueva, él revivirá siempre, con un poco de distancia con un poco de nostalgia, revivirá al matarlo... Los huesos ya están podridos, a ellos, ni la ciencia los ayuda.

Lo cierto es que nunca lo pensó. Ni cuenta se había dado de ello. Y es que las noches han sido largas, y aunque no duda que haya distracciones, es tan sólo la esperanza que aún no muere en él. Tú lo conoces más que yo, nunca morirá. Y algún día estará escondido entre la estepa, al pie de un arroyo, a los lejos y en la soledad, en casa, y los agentes irán a verle, le darán la bienvenida o el último adiós, o simplemente no llegarán. Mientras tanto él fuma marihuana desde una escalera metálica, en el tercer piso de un edificio viejo mientras llueve, y a falta de cerveza toma vino, escucha a Nick Drake, el paisaje es espectacular, los enormes edificios se comen el horizonte detrás de la neblina, que lo llevan a creer que vive un sueño.

25/05/2010


08/05/2010

Adolfina II

Al enterarse, Adolfina lanzó el sartén tan fuerte que pudo y las lentejas se esparcieron hasta caer por su peso sobre el polvoriento piso. Tomó su bastón, encendió el cigarrillo que ya envejecía en su boca y gritó: ¡tráete unas cobijas y vamos por aquella desgraciada! Su hija, ya acostumbrada a su barriga de ocho meses, hizo una pirueta sobre la cama, tomó la cobija y salió detrás de ella. Filemón se quedó lamiendo el sartén.
Adolfina alcanzó a la vieja y la tomó del brazo, ésta la desprecio: “no te pongas de cariñosa, bien sabes que puedo sola”. Caminaron hasta el sitio del taxi, era de noche, y el calor no cedía, “llévame a la cárcel, idiota”, cómo usted lo ordene, señora Adolfina, pero es muy noche, que va a ser por allá, “A usted que le importa, usted lléveme que para eso le pago". El muchacho se calló y se dedicó a su trabajo; por el retrovisor intercambió algunas miradas con Adolfina, que aún con su embarazo aún no se le quitaba lo coqueta, y a decir verdad, estaba más hermosa que nunca. En el trayecto escuchaban una melodía de Gardel que le trajo ciertos recuerdos, lanzó algunos suspiros al aire, y la chamaca sintió su entusiasmo, se miraron y callaron. Sabían que esos recuerdos eran suyos, sólo suyos, demasiado sublimes para compartirlos. El rostro le cambió al llegar a su destino. Le pagó al taxista y de entre su reboso sacó el revolver y lanzó tres disparos al aire al bajarse del taxi, la fila de hombres se dispersó y todos huyeron a verla llegar.
-¡Abran camino cabrones, y váyanse mucho a la chingada si es que no quieren que los mate a balazos! Al entrar a la comisaría, se dirigió al pobre Agapino: A esto le llamas autoridad, dame las llaves maldito payaso.
El pobre hombre sacó de entre el cajón de su escritorio las llaves y se las entregó a la vieja, y tan pronto llegó a la reja vio a la muchacha, espantada, en una esquina al fondo de la celda, sentadita en el piso, cubriéndose de los observadores.
-La hemos encerrado por faltas a la moral, la encontramos cerca de la playa y la muy rejega no se quería trepar a la camioneta, mira como nos ha dejado-, explicaba el tembloroso Agapino al enseñarle los rasguños en la cara los brazos y el cuello.
–Dale gracias a Dios que no los vi, porque ahí mismo los hubiera matado, maldito malnacido.
–Es una multa de trescientos pesos…
-¡Ve y cóbraselos a tu madre!
Adolfina tomó a su hermana, la enredo en la cobija y la sacó de la celda y de la comisaría. La vieja apuntando el revolver exclamó:
-Si los llego a ver rondando por la casa los mato, les juro que los mato, ¡trescientos pesos… trescientos pesos, tu madre cabrón!

Al verse solos se asomaron por la ventana. Las tres mujeres ya se habían ido, había pasado lo mejor de la noche, sacaron la baraja, una botella de mezcal, y brindaron por las Adolfinas.

07/05/2010

Adolfina I

Adolfina salió por la ventana del baño. Casi desnuda, sólo enredada en su toalla se lanzó al mundo. Corría buscando un final o un placentero cansancio que siempre imaginó en una oscurecida playa; donde hablaría con las gaviotas, se tiraría al mar y algún capitán la haría mujer. En sus sueños siempre imaginó a un príncipe, pero luego pasaron los años y los sueños se hicieron inalcanzables algo tontos y sobre todo ya inimaginables, ahora se conformaría con aquél estudiante de intercambio que un día durmió en su casa, y ella le permitió que le acariciara sus muslos, nada más, sólo le permitió algunos besos entre sus temblorosas piernas, pero más allá era imposible. Ella era una joven católica. Y ahora se arrepiente. Alguna vez tuvo a su primo hermano rondándole la cabeza, pero hacía mucho que ese sueño había desvanecido, sobre todo cuando a Javier se lo llevaron las olas hasta un nuevo horizonte. La libertad le sentó bien pero aún había algo que la ataba al mundo del cual huía. Y ante la mirada de extraños soltó la toalla y siguió corriendo desnuda despeinada y descalza, dejando que su sonrisa demostrara el brillo de su dentadura, la simetría de su pecho, y lo rosado de sus mejillas. Todo mundo la miraba, algunos hombres querían seguirla ante el enojo de sus mujeres, algunas ancianas se reían y los niños le aplaudían. Pero ella no se daba cuenta de todo, o de nada, porque por fin era libre y esa libertad la recibía con brazos inciertos…

30/04/2010

Just go inside

Just look into my eyes, don’t be afraid you’ll like there.
Look in there, but don’t look for hope or sanity, just look for me.
Dip into my eyes, and I promise you’ll find my soul.
But don’t look for a desperate hand;
don’t try to find a victim or a man,
just wonder around and try to understand
for the heeling has not yet begun.

Come on in, forget about the weather and your curfew
forget about your husband and your life,
just go inside and look for me.
And if you find a shattered heart close to my young but dirty and filthy lungs,
don’t worry, those are the pieces that make me be.

Don’t organize, don’t sweep or mop,
just observe and enjoy; for this view is not for all.
Go inside and don’t ask what for.
Look straight at me, cover yourself with the love I might not have,
endure with the thousand shadows I loved before,
let them embrace you and teach you, what not to do.

Go inside, find my soul, find me, but really do, find me,
and tell me how I am…
Look for that yellow soul that I once knew.
And if you look real hard,
if by then you’re not afraid,
I bet you’ll find that little boy…
Do me a favor than?
Take him your arms,
tell him that everything will be just fine, don’t let him cry, wipe his tears and sing him a song, hold him hard, and don’t let go,
don’t let go,
don’t let go…
I’ll promise that I’ll let you go, if you just don’t let go.

28/04/2010

Lo que no fue...

Te diré que al verte he sido testigo de Dios. Ahí parada con los brazos a la cintura, con mirada segura pero inquieta por la duda. Y es que no sé si querías ver algo más que mis ojos, o solamente me confundiste con un antiguo desamor, o amor, qué más da, a lo lejos y a la distancia el pasado tiene el mismo color. Yo también tengo huecos en el estomago. El corazón se me ha ido entrelazado entre las alas de los alacranes y de repente despierto en el piso al sentir que la cama tiembla cuando los respiros me llegan todos de un solo golpe. Y también me he entretenido con las grietas del techo, hago caras en el espejo, y apunto tu nombre en mi mano con mi dedo para matar el tiempo. Cuento las gotas de la lluvia así como mis pasos al caminar, y de repente, sólo de repente cuando camino ausente, cotidianamente, casi siempre, veo tu rostro. He intentando ausentarme de la angustia y me he servido de ella, he querido evitar llenarme el vacío mientras me vacío al llenarme. Evito también los días soleados, la imagen de verte en verano me duele más que el leerme. Y no hablemos del otoño, ahí si que me vuelvo furia. Y no hablemos del retrato, de la cantera, de las rosas, del jardín, del café, de tu carro, de tus tacones, de tus nalgas. De aquellas tardes en que corría derrotado hacía tu regazo, ni de aquella llorosa mirada que me pidió tranquilidad, que todo iba estar bien, que todo era producto de mi esquizofrenia. No te diré que te deseo aquí, porque una vez no sé a quién le escribo. Quizás sólo seas la sombra que ahí parada con los brazos a la cintura con mirada segura pero inquieta ante la duda, imaginaba angustiada, algo que nunca fue.

27/04/2010

I don't oppose I don't reject, I just slide.

Sometimes I slide into the gutters, I don’t oppose, I don’t reject, I just slide I go inside, I see the eyes of the beast; I see its breast, and I see its teeth. So I drink whatever I can buy and everything is just alright. In there Nobody knows anybody We are just souls, invisible souls, and fraternal brothers with no disguise No memory and no room for questions. There are no doubts, there no wrongs or rights we are just musical souls in search for a never-ending night. We don’t look for sex, but if its there, we take it… I’m sorry, we just don’t take it we make it ours, we bite it and we eat it, little by little, but with a starving need because the sun will rise and we will all have to hide. Sometimes I visit my family, I don’t oppose, I don’t reject, I just slide I go inside and I lie, I see the eyes of the beast; I see its breast and I see its teeth. And I drink whatever they have to drink and I smile to whatever they have to say. In there, nobody knows anybody; we’re just souls, invisible souls and fraternal brothers with disguise. There are memories, many memories, there are questions, many questions, many doubts many secrets many wrongs and rights. There is no room for me so I just slide. Sometimes I stare at the mirror. I don’t oppose, I don’t reject, I just stare. I see the eyes of the beast; I see its breast, and I see its teeth. I stare and I stare I don't oppose I just slide

26/04/2010

Escritor

Desde siempre he tenido sueños, metas, negocios... jaja, y vaya que en la mayoria de ellas he fracasado, en otras no tanto, y otras sólo llegan a ser planes nunca aterrizados. Pero desde que tengo uso de razón, siempre he ecrito, es el único sueño que aún permanece, la única meta que veo a lo lejos y luego doy media vuelta, retrocedo y empiezo de nuevo. Me fascina ese deseo de empeñar tus ojos por describir cada mueca, cada sonrisa, cada infamia, cada cielo, cada tormenta, cada beso. Esa costumbre maldita de buscar entre el humo las palabras… las musas. Esa manía de estar ensimismado escribiéndole al mundo los versos que se me han congelado en la lengua. Y esas ganas… esas ganas de querer arrancarte en desveladas el sueño buscando la oración precisa que me haga dormir satisfecho.
No entiendo el mundo de otra manera...

13/01/2010

Extracto de: Invierno

Y tiemblo como la roca que se funde al estrellarse con el viento apenas siendo lava. Y tiemblo al tocar el riel del puente de la calle Adams al ver que muy debajo de él, el río se congela y me incita a lanzarme desnudo entre sus aguas. Y muero cuando alguien me sonríe o simplemente me convida un saludo; cuando las gotas de lluvia lanzadas por los vientos del Suroeste se clavan a mis manos mientras intento cubrir mis mejillas. Y muero al intentar vivir, y vivo al saberme escondido detrás del mundo, frente a una pantalla anhelando darle vida a una hoja de papel. Y fracaso al hacerlo.
Soy una basura. Me confirmo basura. Y lo que me hace basura ni siquiera me satisface, y se presenta taladrándome la cabeza, ésta que tiembla y se calienta como un volcán que amenaza con explotar, que mece brutalmente sobre mi cuello rebotando por las frías paredes de concreto y de tabique, de este frio tabique rojo y naranja hasta que sangra y, de mi oreja nace un tímido, tibio, manto de moco verde que no termina nunca, y mi cabeza explota, fundiendo cada uno de su pedazos en cámara lenta por el viento, levitando sobre la tarde, perdiéndose entre las nubes, cayendo a las alcantarillas, mezclándose con el común de lo ordinario, partiéndose en miles de partículas que se reúnen y se encuentran en un lugar sucio y aplastado por la vida, por donde los recovecos de la gente maldita se encuentran, ahí se encuentran mis ideas y mis pensamientos, se encuentran y se juntan, se juntan y se funden, se funden y se crean, se crean y unen, y piensan, piensan en no pensar, pensar o hacer que se piensa por no poder hacer nada más; pensar en todo y en nada pero siempre pensar, cansado de pensar y pensar, pensaba y existía, pensaba en no pensar, existía porque pensaba, existo y pienso en no pensar para pensar en no existir y no pensar en existir porque existir es pensar y pensar en no pensar es pensar en no existir, cansado de pensar, cansado de existir. Así se unieron y así existo con este dolor que no cesa de persistir en seguir existiendo. Y sin embargo, existo, estoy aquí con esta pluma frente a este papel, en el sótano de una casa obscura y abandonada en el nucleo mismo de lo austero, reviviendo el pasado, lamiendo las heridas hasta abrirlas, con mi misma música, con mi mismo anhelo. Anhelando por que aún hay vida, que no pienso dejar ir.

Extracto de: Invierno

El tren llegó y el mundo se me escapó de las manos. Subí y dormí. Al abrir los ojos ya estaba en la estación del centro. El mundo de pronto me alcanzó. Bajé del tren como un zombi que camina hacía donde lo hace cada tarde, con el rumbo ya contado, ya hecho. Y de pronto apareció la sensación mustia de no saber quién era quien llevaba mis pasos. ¿A qué ritmo se mueve lo que muevo? A que ritmo me muevo, ¡Detenme! Quién quiera que seas. Y me detuve en el centro mismo de la sala principal de la terminal. ¿Qué hacía allí? -Juro que no hice nada por prevenirlo- Y toda la gente caminaba, corría, o trotaba para llegar hasta los andenes. Otros se cobijaban para salir al frío y se detuvo el tiempo y, con él yo. Todo a mí alrededor perdió sentido de afecto, (como si alguna vez lo tuviera), mi mirada se ancló en un letrero bancario azul fosforescente que se prendía y se apagaba a cada segundo, y quedose cómo yo, anclado al piso, sin movimiento, sin parpadeo que interviniera en mi soliloquio interno. Y no dudes que sabía hacia donde no ir, conocía el horario de mi próxima salida, y sobre todo estaba consciente que allí estaba, inmóvil, estorbando o no, pero allí estaba estático, sin que alguien me reconociera, sin espera a nadie, sin nadie, mientras tanto, el tráfico seguía su marcha. Estaba consciente de mi estado y de sus consecuencias, pensarían, pensarán que estaba ido, loco, o perdido, pero era yo, simplemente yo en toda mi exposición, ¿qué demonios hacía allí parado? El tren tenía que llegar hacía la otra estación, el tren se me iba a ir si no llegaba a tiempo, pero no deseaba moverme, era todo, es lo que entiendo, no quería ver a nadie en especial, pues no veía a nadie, no había una razón en especifico para estar allí, sólo lo estaba. Y mi mente de repente reconocía que estaba allí, mi cuerpo funcionaba por completo, no levité, pero allí estaba, y pensaba en este momento, en el momento en que estaría describiendolo, pero no alcanzaba a darle razón a mi estado, no quería darsela. Mi pierna comenzó a temblar al sentir ese hormigueó metálico que descendía de ella y volvía a subir, lo más doloroso era cuando el dolor llegaba hasta la rodilla, pero lo sobrepasaba con una leve mueca en mi boca y un guiño de ojos, no podía hacer nada, no soy doctor ni tengo dinero para pagar uno. Las imágenes llegaban, pasaban y se iban sin ser digeridas por completo, sólo eran un guiño de vida que alcanzaban a rozar mi mundo, sólo las contagiaba por unos segundos pero se alejaban rapidamente. La verdad me parecía tan absurda que quise reconocerme en todos esos seres que ambulaban por ahí y me parecía a todos, a todos esos que caminaban de allá para acá hacía algún lado, decididos o no, me parecía en algo a todos ellos y, me dio asco al saberme inmerso entre esa maleza, preñado por el compromiso y la cotidianidad, por el engaño y la farsa… pero a quién quiero engañar, el engañado soy yo, sólo yo, nadie espera nada de mi presencia en este lugar, nadie ha apostado por algún profundo triunfo, todos saben que no lograré absolutamente nada, acá. He regresado porque he fracasado. Estoy aquí porque sólo aquí el fracaso me sabe bien. Sólo aquí puedo digerir bien el sabor a sal y a azufre que conlleva traer en la espalda el mal tino para dirigir mi vida. No sé si busco una solución o si sólo quiero refugiarme en este espacio, en este pueblo gris, a la sombra de un hermoso Chicago. Decidí esconderme en Cícero: Hogar de mis primeros besos y de mis primeros cigarros. Lugar ausente donde la ausencia misma me cobija y me desquicia. Lugar vacio de recuerdos, asombrosamente vacio. ¡Bah! Pero que importa. Nadie sabe lo que he tenido, nadie sabe lo que he perdido. No saben nada. Aunque no es tan difícil descifrar a la perdición en la mirada. Serían unos tontos al pensar que estoy sano. Y no pienso cambiar nada acá. ¡No quiero! Quiero andar con lo mismo en mi cabeza, quiero retener las marañas por siempre, no deseo ser otro. No, en nada me parezco a ellos.

09/06/2009

Fly

Please give me a second grace
Please give me a second face
I’ve fallen far down
The first time around
Now I just sit on the ground in your way
Now if it’s time to recompense for what’s done
Come, come sit down on the fence in the sun
And the clouds will roll by
And we’ll never deny
It’s really too hard for to fly.

Please tell me your second name
Please play me your second game
I’ve fallen so far
For the people you are
I just need your star for a day.

So come, come ride in my my street-car by the bay
For now I must know how fine you are in your way
And the sea sure as I
But she won’t need to cry
For it’s really too hard for to fly.

NICK DRAKE

02/06/2009

Mujer Arcoiris...


En este momento debo hacer un alto y preguntarles:
¿Han visto a la mujer Arcoiris?

Me ha dejado vestido de azul mientras ella arrojaba lunas al mar.
Se ha vestido con la distancia.
Recuerden que se peina con esmeraldas y con flores.
Lo último que me han dicho de ella es que, dormía en el osario de las melancolías perdidas.
Al parecer se confundía entre los silencios.
Pero no se atrevan a detener su camino.
Sólo díganle qué: Las Dianas que dejó debajo de la cama se quieren escapar y ya no sé de que color pintarme para retenerlas.

01/06/2009

Extracto de: Enemigos Todos

No lo sé, serían las dos, las tres, o las cuatro de la tarde. Tú dices que eran las dos. A mí me da igual, además, este horario de verano me tiene hasta la madre. Pero, qué importa, ante el suceso, las horas son nimiedades, no cuentan más que para cubrir con ciertos requisitos diplomáticos. Y francamente, no sé porque tanta pregunta, por qué tanto interés, los entendería si: hubiera alguna defensa, pero como verán, no tengo ninguna intención. Y como lo han visto, desde que me agarraron, desde qué me golpearon, desde que los conozco: soy pura pasividad. No tengo el más mínimo interés de confundirlos. Me pueden usar como un sirviente, como un esclavo o bien, como un animal, un criado, un cualquiera, una habitante rudimentario, bien pueden insultarme o amenazarme… con esto o con lo otro, lo que sea, no me importa, sólo sé que en los quince minutos de viaje, de aquel martes, he cumplido mi condena. Sí, con el simple hecho de viajar junto a las bestias que son todos ustedes, con eso he pagado. No me interesa saber si me dan diez, quince, o veinte años. ¡Los que quieran! Entiéndeme, a mí me da igual. O dime, ¿acaso servirá de algo querer desahogar cualquier tipo de sentimiento contigo, con ellos, con ustedes? No. De nada me servirá. ¿Qué ganaría al decir que soy inocente? Yo mismo les llamé. Yo mismo la cobijé para mantener alejados a los curiosos. Y no, ninguno de los policías se acercó, ninguno de los tránsitos, ninguno de los empleados del Municipio, ningún transeúnte. Bueno, sólo uno, qué quiso agarrarme, pero al verme tan decidido, huyo. Estaba en pleno centro de la ciudad; era un bellísimo atardecer. ¡Qué cobardía! No hubo nadie. Y se pueden preguntar todos, nos podemos preguntar todos, y tú más que nadie te puedes preguntar, el por qué. Pero vaya, no hablemos de política, todos sabemos que el que no ve, es por que no quiere hacerlo. En fin, aquí me tienen. Y ni siquiera me dan un méndigo cigarro. ¿Cómo, fumas Camel, que no tienes, un delicado? Ah, tú sí, tu sí que sabes, bueno, gracias. El agua también me viene bien. Qué bien tratan a uno aquí. Hace un poco de calor, pero es soportable. A ver, por dónde empiezo. Presiento que quieren saber mis motivos. Bueno, quizás se los diga más adelante, mientras los voy pensando, porque no estoy muy seguro porque lo hice, aunque estoy seguro que lo hice y que quise hacerlo. Mis razones estarán por ahí, escondidas, ancladas, dormidas en algún lugar de mi subconsciente, ya saldrán en un momento u otro, no se preocupen. No se desesperen.

27/05/2009

Extracto de: Enemigos todos.




Entrados en discusión y encontrándonos todos enterados del motivo por el cual estoy aquí, aunque yo no sepa porque ustedes lo están, entraré en detalles. Pero quiero primero, antes de cualquier otra cosa, dimitir el hecho por el cual se me acusa como se me acusa. Estoy aquí porque he matado, porque he finalizado de manera voluntaria la tortura de un ser humano que se dice, ante mí, inofensivo. Que se decía inofensivo. Y está demás ahondar en sus detalles, ya que el ser en cuestión, y dado que ella es, o era la única que podría culparme, no está más entre nosotros porque yo mismo le he dado muerte. Culpable ella, culpable yo. La justicia en este caso no existe. Delimita pues, la ausencia de la victima. Quién más puede culparme, o quién más puede disculparme, sino ella. Ella, que tal vez si aún viviera, estaría encantada de verme o no y podría ser la única qué abogaría por mí, y también ella, y sólo ella, podría dimitir encontra mía. Está de más decirlo, pues se ve que son gente capaz é inteligente y podrán con demasiada facilidad y sin temor a equivocarse acordar conmigo cuando digo que ella es la única capaz en perdonarme por esa tarde de perros. Por esa tarde que crucé con ella aquellas pequeñas frases que no viene al caso mencionar, ya que sería, colmar de agua sucia, un residuo sin fondo. Es ella pues, la única dueña de la justicia. Y ante lo contradictorio que pueda escucharme, es simplemente, una verdad que no navegaré en ahondar más. Pero en fin. Soy culpable de su muerte, la he aniquilado, mis propias manos han matado a mi único testigo. ¡Estoy seguro que ella abogaría por mí! Y no diría que fue una más de aquellas escenas que tanto nos caracterizó, cuando ella y yo estábamos juntos. La maté con estas dos manos, la mate. Comenzó por ser un simple abrazo. Un simple beso que se dan dos, que se han amado y que se encuentran después de estar huyendo del otro por tanto tiempo. Cuantas veces no tuve que rodear calles y manzanas, cuantas veces tuve que tomar los caminos largos para no encontrarla. Y quizás ella, tambien rodeaba caminos para no pasar por los que nosotros cursábamos, por no querer revivir heridas añejas, y por no encontrarnos con felicidades retrogradas. Pero ese día pensé, porque ya habían pasado cientos de noches, que no nos haría mal vernos, pensé que todo estaba superado. Que sí es que la llegase a ver no nos afectaría en lo absoluto. Y cuan equivocado estaba que al momento de verla, al momento de olerla, al momento de rozarle su cintura y acariciarle el cabello mientras la abrazaba, me entró de repente, resurgió de repente, ese temor de perderla. El temor que todo ser humano siente cuando está a punto de perder lo que más ha querido, entonces la maté. La maté mientras le decía que la amaba, mientras la besaba, mientras… sí, forcejeando, le miraba su cuello. Y mientras la veía arrodillarse, con sus ojos bien abiertos, con su mirada frenética, temerosa, sí así la maté, estrangulándola, hasta que poco a poco, su cuerpo fue haciéndose más pesado, soltándose hasta ya no tener existencia. Muriendo, allí, en mis brazos. El sentir como su cuerpo resbalaba de mis manos, justo cuando me di cuenta de que había muerto, me causo mucho miedo. Y la dejé ahí, por un largo rato, tirada a lo largo de la banqueta. Su cuerpo ya sin vida, su cuerpo ya sin alma. Y me quedé con ella, al pie, a su lado, hincado, llorando quizás, o simplemente desesperado, no lo sé, me encontraba en ese tímido y angosto espacio entre la bilis y la desesperación, no pensaba correctamente. ¡La había matado! Me había matado. Y ya. Eso fue todo. Todo lo que hice y quise hacer. Y luego reaccioné, tomé una enorme franela de los pintores del teatro, y con ella la cubrí. Caminé cincuenta metros, les hablé a ustedes y minutos después, ya estaba recibiendo la golpiza de mi vida. Así sucedió, así fue todo. ¿Mis razones? Pues en ese momento eran esas, las de mi temor a perderla. La de tenerla en ese eterno abrazo y saber que todo era hipocresía. Saber que todo lo que dijimos, es, y fue resultado de la amarga soledad que aún tenían nuestras almas. Era eso. Solamente. Me hizo de verdad discriminarla sobre todos lo seres humanos. No podía verla de otra manera, se había convertido en mi enemigo favorito. Lo había mencionado antes, y lo mencionó aún con más motivos y más fuerza: La odié en ese momento, la odio en este, y creo, que cada vez que la recuerde y que la memoria me haga retornar a ese tiempo donde ella iba a mi lado, caminando por las calles, y colgada a mi brazo en las noches de lluvia cuando me decía de manera repetitiva lo mucho que me amaba, la odiaré aún más. ¿Un crimen pasional? Claro, se puede definir de esa manera. Pero sólo fue una reacción. Fue un momento en el que tenía que apaciguar mi furia. Y lo hice. Nada más sucedió. Ya después llegaron las bestias que tenemos por policias, los animales, los resentidos y descargaron en mí todas frustraciones. ¡Malditos!

21/05/2009

Quiero estar con los míos.

Quiero estar con los míos.
Quiero matarme.
Estoy convencido que mi espíritu ha muerto, y ¿qué hago sin él?
Ya no puedo ver desde aquí a todos los que se han
ido.
Me he quedado en algún recodo de algún camino.
Me he quedado sin poder salir de él.
Qué sorpresa el saber que no fui ningún emprendedor.
Sólo me he quedado sin ellos, solo y confundido.
Pero existe un camino y voy hacía él.
Por fin me he dado cuenta y,
quiero estar con mis muertos.
Quiero estar con los mios.
Voy hacia allá.


Luna Rosa de: Nick Drake


Lo he visto escrito y lo he visto decir
La luna rosa está en camino
Y ninguno está a tanta altura
La luna rosa va a alcanzarnos a todos
Y es, sí es una luna rosa
Rosa, rosa, rosa, rosa
Rosa, luna rosa.
Rosa, rosa, rosa, rosa.
Luna rosa.
Lo he visto escrito y lo he visto decir
La luna rosa está en camino
Y ninguno está a tanta altura
La luna rosa va a alcanzarnos a todos
Y es una luna rosa
Sí, una luna rosa.

NICK DRAKE

07/04/2009

Bésame

-¿Duele?

-Dolía, ya nada duele lo suficiente, me he acostumbrado a este manera, a esta forma. El dolor físico me ha traicionado, me cobija con su fortaleza pueril y ajena, a su placer y antojo cuando lo desea. Me he convertido en el receptor de sus arrebatos. No tengo el control de saber cuando llegan estos torrentes de furia que hacen que olvide mis fobias, convirtiéndolas en moronas de gamuza vieja que piso aplastándolas mientras vivo momentos de gloria. Sintiéndome así, me observo levitando sobre mugre y frustraciones. ¿Acaso soy tan débil que mi dolor me fortalece? No, no me contestes. Sólo quiero poder expresarlo. Soy tan solo una mancha de dolor que ambula por un espacio ajeno, ¡carezco de la nada! He caído en un sin sentido, en un rumbo que ya conozco. Y llego hasta aquí, hasta este momento y no avanzo más, ¿acaso soy una piedra en juego de payana arrojada por un niño olvidadizo? ¿O acaso el sonido de una metátesis que se pierde entre humos de cigarros? Soy un poema sin leitmotiv, una pagina abandonada por los libros. He llegado a esta conclusión desde el momento que perdí la noción del dolor.
-¿Qué piensas hacer?
-Perderme, irme, alejarme de todo esto que me da media vida. Nada, nunca resulta más pleno y completo. Me duele estar así, aunque no lo suficiente para vivir. Tampoco deseo perderme en mi misma... ¡Ya sabemos como resulta eso! Tampoco deseo vivir más con quimeras. Talvez no haga nada, talvez lo único que necesito es un poco de quietud y calma. Desde que salí de la institución no he podido encontrar la tranquilidad de una tarde de descanso, junto al jardín y su lago. Aquí hay mucho ruido, coches que van y vienen, entes caminantes obstruidos por sus propios pasos, mendigos por doquier, y no culpo al mendigo, ni al niño que levanta su manita, ni a la mujer con “pena” que lleva la receta del marido con cáncer, ni al anciano bravucón que amenaza con liberar el contenido de su sonda, a cambio de un pedazo de pan, ni al ex carcelario recién puesto en libertad que busca completar su pasaje a Juárez, no, no te equivoques. Pero..., porque todos se tienen que acercar al mismo tiempo. Yo no tengo dinero para repartir a uno y a otro, y aun así logran infundirme en su tristeza y su amargura, y lo peor de todo es que ya no tienen vergüenza, se drogan frente a ti con la moneda que acabas de darles, y a los dos minutos ya te están asaltando, o queriendo golpearte¡Vale! Pero eso es otra historia. Lo que quiero decirte es que me causa pánico estar aquí. Soy sensible, y quiero ya no adolecer de lo mismo. Sí, talvez huyo de mí, talvez no pienso en ti ni en nadie. Pero hoy por hoy, necesito ser egoísta, sino me comeré viva. Estuve mucho tiempo encerrada en ese mundo, en el tuyo, en el de ellos, en el de tanta gente, y hoy me encuentro viviendo esta vida, que si bien no rechazo, estoy segura que no es la mía, no la siento propia, está influenciada por tantas cosas, ahora es tiempo de que vaya y me busque, ¿donde? No lo sé quizás lejos, quizás aquí mismo, pero debo buscar...
-¿Lo enciendo?
-No, ya no. Humo ya no, ha sido demasiado para una vida entera, antes, era por escapar de una absurda realidad; pero la realidad es esta, tú, yo, aquellos, aquí, y mañana nos despediremos de la misma manera, y luego seremos todos los mismos nuevamente, la misma música, las mismas conversaciones, el mismo fuego, el mismo juego de miradas. O quizás sea yo misma, que mira todo esto, igual como quisiera que fuera, pero ya no quiero que sea así, hoy, como te digo quiero descansar, aunque sea en esta realidad.El fin es el mismo, pero ya no deseo el mismo conducto.
-¿Afilo la navaja?
-Tampoco, aunque los celos me maten, aunque me sienta sola y humillada é inclusive traicionada;No quiero intentarlo de nuevo. Duele, sabes, duele el abandono y el poco interés humilla. Quizá todo este tiempo he sido engañada por todos ellos que dicen ser míos, o que explicación hay para este silencio. Hoy, que mis pensamientos son escuchados como gritos por mis oídos, hoy, que escucho el lamentar de mis ojos y el temblar de mis manos: me preguntó ¿dónde están todos? Al parecer el tiempo esta comprometido. Y me veo sola. ¡Estas, sola! Lo repito; pero no me acostumbro a escucharlo. Aún nado entre esperanzas donde me imagino útil para alguna intención y subjetivamente, me veo transformándolo todo, pero al final, qué más da, si nadie esta ahí para apreciarlo. Sí, esos tiempos han marchado, y yo en medio de la transición he quedado con el alma marchitada, esperando a la víspera de un sendero que me enseñe a vivir.
-¿Qué hago entonces?
-Quédate y bésame, eso si que me adolece; pero olvídate de los pactos suicidas que hicimos mientras contemplábamos el amanecer a la orilla del mar. Olvídate de mediar el peso de nuestra relación. Deja atrás los vicios y las tardes abrazados a la botella, las noches interminables de alcohol y de conversaciones filosóficas. Deja de criticar a todos los que no visten ni calzan como nosotros. Deja atrás el odio y las etiquetas. Quizás sea necesario olvidarnos del mundo entero y preocuparnos tan solo, por perfeccionar nuestros besos. Vístete de santo y cobíjame durante el invierno. Libérame de estos celos causados por mi inseguridad, no me mientas nunca; quiero amarte libremente y ser libre mientras te amo, sólo así me enseñare a respetarte. Si tiene un caramelo no dudes en darme un pedazo, cualquier dulce me hará sonreír. Bésame, bésame mucho mientras esté molesta, bésame más cuando no te lo pida. No me reproches nada nunca, que yo no buscaré ningún motivo para reclamarte esa intención. Y llora, llora conmigo cuando necesite una oración, libérame de ti y de toda necesidad, eso me hará divertida. Y a la hora de las buenas noches bésame por ti; por las mañanas bésame por mí solo así sabré que amanecí.

05/03/2009

4 de marzo

Y ahí estás de nuevo…, -por la casualidad- …en mis noches. De nuevo entre mi cabeza y mi almohada, de nuevo. ¡Y no soy tonto, bien sabes qué no me gusta la poesía! Bien sabes tú todo lo que me satisface. Pero…, como no hacerle caso a esta imagen que se me presenta, sí ésta es, la única que me produce vida ¿o… agonía? ¿o… vida? ¿Qué es la vida sin ella?, ¿qué es la vida sin la agonía…? cuando ésta es, tan sincera; cuándo ésta produce vida. ¿Dónde está la muerte que hoy tanto necesito?
Y me quiero; pero quiero más tu imagen; hoy cortando el pasto; hoy vistiéndote; hoy gritándome: “avísame cuando sean once minutos”, hoy besándome todas las mañanas; hoy fumándote un cigarrillo, alzando tu brazo mientras el otro descansa sobre el mismo. Y me muero; por tenerte cerca e inalcanzable, intocable, lejana, indiferente y sin quererme. Pero bien merecido lo tengo, hoy más que nunca sé que no debí perderte. Pero te he perdido y, te tengo como el último trago de cerveza que pasa siempre con prisa, con ganas de retenerte, pero ya esperando abrir la siguiente botella, para volver a buscarte. Y te traigo siempre en todos lados.
Amaneciste hoy; pegada a mi pecho, anclada a mi vida, a mi lado de mi mano, caminando. ¿Sabes cuanto extraño tu mano? No soy ni político ni diplomático… bah, bien sabes que las formalidades no me sientan bien, no las requiero; Tu mano es lo que necesito, y estás frente a frente a mis demonios, te has convertido en eso, en mi demonio que sofoca mis ganas por buscarte, en un demonio que me incita a destrozar cada partícula de mi cuerpo, aventándome a un abismo… que no mata y que sólo deja mi cuerpo adolorido, enfermizo… y a mi mente… ¡pobre! A mi mente, la encarcela y la domina, como un desquiciado claustrofóbico se ha de sentir entre las hebras de la camisa de fuerza que le imponen al diagnosticarlo. ¡Soy un loco…, un demente…, un desquiciado que gusta de la agonía! Por qué en ella, encuentro tu recuerdo. Te encuentro completita, te encuentro mía. Y ahí estás de nuevo, y contigo renace todo. Y vaya que prefiero tu mirada y respirar entre tus cabellos, escucharte hablar horas y horas. Lo deseo más que tener estos ojos. Y ahí estás de nuevo… Aquí estás de nuevo… Aquí estoy sin poderte odiar.

03/03/2009

extracto de: Velorio de mamá Aurora

Su sonrisa iluminaba aquel frió invierno de enero. Por fin había llegado el día tan esperado; su esposa saldría del hospital. A su llegada, se desenredó su gruesa bufanda, y la sacudió sobre su rodilla, al mismo tiempo que estampaba sus zapatos sobre el tapete de bienvenida. En aquel largo pasillo lo recibió el olor a: sangre, enfermedad y muerte. Pero su sonrisa seguía ahí, invencible, imbatible, proyectando un resplandor que iluminaba aquel tenebroso y catastrófico lugar enmantado por un océano de rezos dedicados a los desdichados moribundos por sus desdichados visitantes. Estos que, en espera de cualquier noticia aguardaban en sillas de ambas hileras a lo largo del pasillo. Buscaban entretener sus mentes en algo distinto a su desdicha. Y como todo en ellos era repulsivo, ni siquiera volteaban a verse entre ellos, temían ver en sus rostros la y amarga semejanza. Por esto, todos se dieron cuenta de aquel resplandeciente brillo en la sonrisa de Miguel con su caminar presuroso. Se deslizó seguro entre los moribundos. El frió había coloreado su rostro convirtiéndolo en un suave color rosado, resaltando aún más, la incompatibilidad entré él y aquellos oscuros seres que rondaban los pasillos con sus ángeles mortales sobre los hombros. Se olía la desgracia y era de esperarse, la gran admiración que dejaba Miguel entre aquellos, lo hacía desgraciados. Al pasar, todos volteaban a verle, quizás creyendo que era algún doctor o un licenciado… o un ser de otro mundo. Y entre ellos comentaban: “¿Quién es el…? seguro es un doctor, ¡que doctor tan guapo!” Y solamente uno lo miró con envidia y odio mientras mascullaba entre dientes: “¿Porqué diablos sonríe…? ¿Quién se cree qué es, acaso ha venido a burlarse?” Pero era inútil, Miguel, no escuchaba nada, y su sonrisa se mantuvo espontánea y sincera mientras, a su paso dejaba un manto de frescura, torturándolos a todos.

Extracto: El trompetista

¡Nada!, no podía decirle nada, aunque quise correr hasta ella y arrancarla de sus brazos, pero estaban tan unidos. ¡Estaba tan lejana a mí! Era ella y sabía que la miraba; me vio de reojo mientras lo besaba, ¡por eso lo besaba!, y la odié aún más. Levantándose de puntillas, le rodeaba el cuello con sus brazos, él era alto y moreno. Como a ella siempre le han gustado y, le acariciaba su cabello; y su cintura, se fundía a la de él mientras yo moría de envidia con cada una de sus mordidas. ¡Me flagelaba ante cada caricia! Y convertido en un simple espectador qué, a diez metros de distancia, miraba lo que pareciera, ante los ojos de los demás: una de las tantas parejitas estúpidas demostrándose afecto, quise huir hundiéndome en mi silla, queriendo atravesarla y excavar un profundo para meterme en él y no salir nunca más. ¿Qué más podía hacer? Hace más de un año que no era mía. ¿Con qué cara llegaría hasta ella? ¿Para qué…? Pero quería arrebatársela, tirarla, golpearla y escupirla; y a él, patearlo hasta hacerlo llorar y luego matarlo. Pero no hice nada, y mientras ellos se aferraban y se cubrían con caricias y con besos llenos de promesas ¡como si no existiera nadie más en el mundo!, mi café se enfriaba y mi cigarrillo moría sin ser fumado, entre mis labios. Aquel momento duró una vida, hasta que se alejaron, caminando lento, torturándome, de la mano, como dos adolescentes caminan hacía el sol. ¡Maldita Sofía!

04/02/2009

Extracto: de Diario de un sociopata


Avancé algunos pasos. Pasos interminables que caminé sobre una cuerda floja. Poco a poco, bien lento. Y de vez en cuando me detenía, y luego avanzaba, luego descansaba, descansaba y descansaba. Luego corría, corría y corría. En mi viaje encontré a Sofía, estaba hermosa y no me reconoció. La vi de la mano de un niño, y al verlo, pensé por un momento, por un momento pequeñito, que tenía un cierto parecido a alguien, a un hombre que conocí hace mucho. ¡Vaya que tenía sueños ese joven! ¡Vaya que tenía vida ese hombre! Me imaginé la vida del niño, la del hombre, la de Sofía. Y seguí mi camino. Hace mucho que no le doy importancia a los supuestos. También encontré gente desleal que me apedrearon y me golpearon; pero hace mucho dejé el dolor. Hace mucho que no comparto nada con nadie. No quise nunca compartir el mismo tenedor y la misma taza con la enemiga. No quise amar por amar. Huí de los besos sin sabores, huí de las mujeres qué al final de cuenta, son sólo eso, mujeres. No quise compartir alcoba con la mendiguez. No quise nunca compartir almohada con la hipocresía. No quise encadenarme a la mediocridad. No pude por más que intentara, abrazar una sonrisa forzada. Evité consuelos para sentirme humano. Evité desayunos con mudos, por no abrazar la cotidianidad. No quise ser padre, ni hijo. No intenté ganarme un peso con mi apellido. No quise nunca aprovechar las amistades. No quise subirme al mismo taxi de los aprovechados, no quise parecerme a los agraciados y a los bien vestidos, a los sonrientes que levitan por esta vida, humillando. No pude nunca alcanzar el hito de la felicidad, de mi felicidad. Hay quienes nacen para contemplar y nada más. Hay quienes viven porque no les queda más. Me alejé desde hace tiempo de la algarabía del triunfo, preferí esconderme entre la maravillosa verdad de una mañana sin consuelo, hundirme en la risa de un niño sin risa, en la mirada de un ciego y en el sosiego de un inquieto. Me perdí de la pena de ser objeto de discordias, me perdí de cargar vacios ajenos, yo sé mentirme bien, para qué soportar falacias ajenas. Estoy oscuro y feliz, estoy sucio y tranquilo. Nadie espera nada de mí, me tarde un poco en reconocerlo, y yo tampoco espero nada de mí. Yo sigo mi rumbo, tú sigue el tuyo. A mí no me pidan consejos, ni me busquen, ni me inviten al café. Hace mucho que no pienso en dinero, hace mucho que no lo necesito. Me ahorré el camino de la vida, cuando la tomé del cuello y la ahorqué a mi manera. Me alejé de la iglesia, no tiene caso encadenar a los muertos. Yo soy superior a todo esto. Y me vi de pronto ante el reflejo de un ventanal, que se alumbraba con el amarillo intermitente del semáforo. Ahí me di cuenta que ya estaba viejo, pero que aún me veía bien, creo que los años me han caído muy bien, con un baño y una afeitada, me parecería al viejo Sanz, cuando era joven me confundían con él. Aún tengo virilidad, aún soy buen mozo. Mis brazos aún cargan. Y ahora cargan mi vida entera, qué son dos bolsas negras donde guardo algunos libros que ya no leo; unos mapas de la ciudad, una brújula, unos lápices, dos pares de pantalones, una camisa que gané en una rifa de pobres, y un montón de trapo que he ido acumulando, para la temporadas de frio. También tengo cartones y periódicos, una cobija sucia que regalaré, y un sinfín de ilusiones. Aunque blanca, mi barba sigue siendo mi barba, tupida, completa. Aún tengo pelo, y aunque sólo me funcione una pierna, a diario la motivo para seguir. Hace mucho que la gente no me molesta, ya no escucho sus palabras, ya no los veo. Son sólo cucarachas qué ahí están, colgadas de un techo, aferradas a un muro, o sacudiendo sus atentillas al salir de la oscuridad, no tienen importancia, no me estorban más. Hace muchos años que el mishkin murió, ¿pero quién lleva el tiempo, acaso tú piensas en él? Yo ya no, yo ya me liberé. Ha su muerte pensé en matarme, pero aún tengo mucho por vivir. Soy superior al suicidio. Soy un ser superior que le gustó caminar en lo incierto. ¿Y tú?

03/12/2008

treinta y nueve pesos


Sabes, hoy después de una búsqueda extensa de dos días donde he movido muebles, mesas, vasos, libros, etc. He encontrado 39 pesos. Es lo único que tengo. Los he puesto sobre el escritorio y los he contemplado ya casi toda la tarde. La cantidad puede ser mucha, o puede ser poca, quizás sea suficiente, la cantidad es lo de menos. Son: una moneda de diez, tres de cinco, tres de dos y ocho de un peso. Primero las acomodé en orden de izquierda a derecha, de la más pequeña en valor y en tamaño; pero luego recapacité y las coloqué primero la más grande hasta llegar a la más pequeña, éste orden va más de acuerdo con todo lo que yo hago, digamos que va más conmigo, todo decadente necesita una decadencia. En fin, y como todo lo que hago últimamente lo relaciono contigo, pues ¿que crees? lo relacioné. Y después de tanto darle vueltas, coincidí por fin. Y quizás hasta te felicito por ello pues tuviste la visión mucho antes que yo. Fuiste lo suficientemente inteligente de alejarte de este derrumbe y al mismo tiempo evitar cualquier responsabilidad. Bueno, llegué a la conclusión de qué efectivamente, como tú tantas veces lo pensaste y me lo hiciste saber: soy un perdedor. Si, lo soy. Y claro que pienso que tú mereces alguien que sea lo contrario a mí, y por esto te felicito, pues quizás te rodearas o te estás rodeando, -claro fuera de mi círculo-, con gente triunfadora, opuesta a mí. Y te felicito porque se necesita mucho coraje para deslindarse de esa manera. Si, éstas monedas me han hecho pensar en esto. También, por supuesto, he pensado que hacer con ellas.
Pensé primero en comer, pero el hambre es pasajera, leí en internet que los dolores estomacales causados por ésta, sólo duran unos minutos y que dan cada dos o tres horas; puedo sobrevivir. Luego pensé en tomarlos y dárselos al primer limosnero que ande por ahí, ya ves que abundan. Luego pensé en comprarte unos chocolates y dejártelos sobre el carro para cuando salgas de tu trabajo; pero hay sol y la descomposición de los mismos pueden causarte un fuerte disgusto. Y para qué quiero seguir siendo la causa de tu stress. En fin, aún no sé que hacer con ellos.
También me puse a pensar en el triunfo y en la derrota, é imaginé que con estos treinta y nueve pesos podría comenzar una gran fortuna, quizás un imperio, y que la gente me reconocería por donde quiera que vaya por mi gran tenacidad y mi gran inteligencia, y quizás me acepten en el PAN y me propongan una diputación. Me tomarán fotos y saldré con una enorme sonrisa, –claro ya me habré arreglado el diente-, en las pancartas que ubicarán en las avenidas importantes de la ciudad. Entonces sería un triunfador para mucha gente y quizás también para ti; pero el triunfo ya lo conozco y yo soy un perdedor, ¿para qué pensar en otra cosa? También se necesita coraje para ser un looser.
Al salir de noche a caminar he tomado la costumbre de sentarme junto al cuerpo de un vagabundo que duerme frente al templo de la virgen, ahí, a un lado de correos. Y se necesita coraje para hacerlo, se necesita perder la dignidad –esa ya la perdí-, también se requiere no tenerle miedo al frio, -a mi me gusta-, de igual manera se requiere ser indiferente ante la gente, -eso si lo soy-, ¿entonces que me falta por llegar a ser como él? estar solo sin nadie a quién le importe, -bueno eso que ni que, como anillo al dedo-, ¿entonces…? no lo sé, quizás me falta un poco de voluntad, si tal vez eso sea.
En fin, espero que logres el triunfo que te mereces, yo voy para abajo a 300 kilómetros por hora. Por supuesto que tú te mereces algo mucho mejor. Quizás sepas de mí o quizás no, eso ya no lo sé; pero guarda estas cartas, probablemente en una de ellas encuentres el epíteto justo y adecuado para mi y quizás éste, sea considerado mi máxima obra.
Saludos!!!